Sin categoríaMessi se retira. y el papá también

Les voy a decir algo que va a doler. En cada empresa familiar con la que colaboro, hay un Messi. Y Messi es el papá.

Es el que que resuelve todo. El que si falta un día, se para la empresa. El que atiende el teléfono el domingo. El que el cliente solo quiere hablar con él. El que si no firma él, no se paga nada.

Y todos en la empresa están chochos con su Messi. Lo aplauden. Le dicen «qué grande Don Carlos». Pero en el fondo, le tienen un miedo terrible. Miedo a que se muera. Porque saben que sin él, no saben hacer un carajo.

Yo estuve en empresas donde el hijo de 45 años me dice en voz baja: «Jeremías, yo no sé cuánto gana mi empleado. Eso solo sabe papá». Y papá tiene 82 años.

¿Dimensionamos lo grave que es eso? Es lo mismo que le pasó a la Selección Argentina.

Durante años jugaron a «darle a Messi a ver qué hace». Y cuando Messi estaba inspirado, ganaban. Cuando no, perdían. No tenían equipo. Tenían a Messi y 10 más mirándolo.

En la empresa pasa igual. No se tiene una empresa. Se tiene al papá y 10 personas mirándolo a ver qué hace el papá.

Y el papá, como Messi, sin querer queriendo, le hizo inútil al hijo. Porque como él lo hace mejor, el hijo para qué te vas a esforzar. ¿Para qué va a aprender a pelearse con el banco si su papá lo arregla con un asado? ¿Para qué va a aprender a cobrarle a un moroso si su papá lo cobra con una llamada?

Le volvió dependiente al hijo. Y la dependencia no es amor. Es una condena.

Ahora, Messi ya avisó que se va. Y el papá, aunque no lo diga, también se va a ir. Porque nadie vive para siempre.

Y acá es donde empieza el problema.

Primero, se hace como que no va a pasar. Nadie habla de eso en la casa. Hablar de que el papá se va a morir es mala palabra. Entonces no se prepara nada.

Segundo, cuando por fin se va, le exigimos al hijo que sea igual que el padre. Le decimos: «Ahora tenés que ser como tu papá». Y eso es imposible. El papá hizo la empresa en otro momento. El hijo tiene un mundo nuevo. No puede ser como su papá. Tiene que ser distinto y mejor. Si le obligan a ser la fotocopia de Messi, va a fracasar siempre.

Tercero, y esto es lo más importante que aprendimos de Scaloni. Scaloni no es más vivo que todos nosotros. Lo que hizo fue simple: le armó un equipo a Messi para que Messi no tenga que hacer todo solo.

No sacó a Messi. Le puso a De Paul para que corra por Messi. Le puso a Mac Allister para que piense. Le puso a Dibu para que ataje. Hizo que Messi pueda ser Messi sin tener que ser arquero, defensor y delantero al mismo tiempo.

Eso es lo que se hacer con el papá.

El papá no se tiene que ir de un día para otro. El papá tiene que pasar de ser el jugador que hace todos los goles a ser el técnico. El técnico no entra a la cancha. El técnico mira desde afuera, caga a pedos, arma el equipo y festeja los goles de los otros.

Si el papá no puede hacer ese duelo, tu empresa se muere con él. Vimos fundirse empresas de 40 años, con 200 empleados, 6 meses después que murió el fundador. No porque el negocio era malo. Porque nadie sabía hacer nada sin él.

Entonces, ¿qué tenés que hacer hoy? Probar. Hacer la prueba del mes sin Messi.

Diganle al papá: «Andate  de vacaciones 30. Sin teléfono. Sin firmar. Vamos a ver qué pasa».

Te puedo asegurar lo que va a pasar. La primera semana va a ser un caos. La segunda semana van a empezar a aparecer líderes que no sabían que tenían. La tercera semana el papá te va a llamar desesperado porque se está aburriendo y siente que no lo necesitan. Y la cuarta semana se vas a dar cuenta si tienen empresa o tienen un kiosco del papá.

El retiro de Messi no es una tragedia. Es una oportunidad. Es el día que los otros 10 pendejos se dieron cuenta que podían jugar sin depender de uno solo. Y así ganaron el Mundial.

La empresa va a ganar su mundial el día que el papá se anime a sentarse en el banco y aplaudir un gol que no hizo él. Y los hijos, tienen que entender algo: no tienen que ser Messi. Tienen que ser el primer capitán del equipo sin Messi.

Dejen de esperar que el papá se muera para heredar. Empiecen a pedirle que viva para verles jugar sin él.

 

Marcelo Codas Frontanilla
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