Sin categoríaLa mesa del domingo: Cuando la empresa se sienta a almorzar

En muchas familias existe, saludablemente, la sana costumbre de reunirse, cuando menos, una vez por semana, casi siempre los domingos. La madre, diligente y hacendosa, prepara milanesas con puré, alguien hace pastas caseras, o el padre y los hijos aprontan lo necesario para cocinar un convocante asado.

A esa mesa llegan todas y todos: hermanos, cuñados, nietos, abuelos. Es el único día donde el reloj no manda. Los temas son variados. Se arman grupos naturales por edad e intereses. Los chicos comparten la alegría de sus juegos, los grandes hablan de los temas más diversos, entre los cuales nunca faltan el fútbol, la política, o la vida misma.

Pero siempre hay un grupo que destaca, el conformado por quienes trabajan en la empresa familiar. Pasan más de ocho horas juntos de lunes a viernes hablando de proveedores, ventas, sueldos y problemas. Y sin proponérselo, siguen con el mismo tema el domingo.

Para ellos, la situación resulta lógica: la empresa ocupa 70% de su cabeza, de su tiempo y de su preocupación. Ahí es donde empieza el cortocircuito. Alguien que no trabaja en la empresa escucha 10 minutos y dice: «Otra vez ustedes con la empresa. Hoy es domingo. Esta es una reunión de familia, no una reunión de directorio». Y del otro lado salta la respuesta: «Claro, a vos no te importa porque no trabajas ahí. Pero a nosotros sí, porque de eso vivimos todos. Si la empresa anda mal, nos afecta a todos».

Se prendió, sin mala intención alguna, el fuego, pero no precisamente el del asado. Constituye, ni más ni menos, que un error de lugar y de momento. Se mezclan dos sistemas con reglas distintas, familia y  empresa, y cuando coinciden en la misma mesa, sin reglas previas, alguien se siente excluido o atacado.

La solución dista mucho de apelar a la facilista decisión de instalar la idea de que  «en la mesa del domingo no se habla de trabajo». Pero exigir eso a quien vive la empresa es como pedirle que apague una parte de su cerebro. Es muy difícil y  termina generando más tensión.

La solución real es ponerle orden al desorden y crear espacios para cada cosa: la Mesa de Familia, la de los domingos, para potenciar vínculos; y el Consejo de Familia, con periódicas reuniones programadas para hablar del futuro, de dividendos, de valores. Reunión de Empresa: lunes a viernes para gestionar, y una vez al mes, en el directorio para la estrategia.

Que cada cosa tenga su lugar acordado, hace imposible enojosas invasiones posteriores. La frase que permite desactivar la bomba cuando alguien introduce en la reunión familiar un tema de empresa, y que deberá ser esgrimida por alguien con clara autoridad afectiva sería: «Te entiendo y es importante. De verdad nos preocupa a todos. Agendémoslo para el martes y lo vemos tranquilos”.

A partir de ese momento se debe dejar de tocar el tema para seguir disfrutando en familia, cumpliendo con el objetivo de ese semanal encuentro: compartir y hablar de temas que unen, distienden y divierten. Es este un camino seguro para generar felicidad en la familia y riqueza en la empresa.

Marcelo Codas Frontanilla

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