Sin categoría¿Qué hacer cuando los hijos no quieren continuar con la empresa familiar?

Es bastante más común que lo que pudiera pensarse el hecho de que los hijos no tengan interés en continuar con la empresa de la familia. Cuando esto ocurre, los fundadores se enfrentan con una situación complicada que requiere adoptar una decisión difícil. Ello es así pues la empresa edificada con años de esfuerzo corre el riesgo de quedar sin liderazgo ni continuidad.

Dos son los caminos que se abren entonces de suerte a dar un destino ordenado al patrimonio y al legado construido.

La venta de la empresa

La primera alternativa de solución es la venta de la empresa. Esta opción presupone un tema nunca menor: el desmedro emocional para los fundadores, casi un fracaso duramente asumido. Sin embargo, bien mirada, esta frustración, que lo es solo en apariencia, nace de confundir continuidad familiar con continuidad empresarial.

Si la venta de la empresa se hace en un momento adecuado, dista mucho de ser un fracaso para convertirse en un éxito financiero y estratégico. Si miramos historias, casi todas las empresas familiares surgen sin contar con los recursos económicos suficientes, muchas veces en un garaje, con crédito limitado y sin estructura formal. Lograr que esa empresa crezca, tenga valor de marca, clientes, procesos y rentabilidad, y luego venderla por una suma importante, constituye un innegable logro empresarial.

Vender permite capitalizar décadas de trabajo, liberar a los fundadores de la gestión diaria y dar liquidez a la familia. El capital obtenido puede reinvertirse en otros proyectos, diversificar riesgos o financiar la formación de los hijos en áreas que sí les interesan. Además, una venta ordenada asegura que la empresa siga operando, mantenga empleos y preserve el valor que logró.

Para que la venta sea exitosa, es clave prepararla con dos a tres años de anticipación: ordenar la contabilidad, profesionalizar la gestión, separar bienes personales de los que son propios de la empresa y tener valuaciones independientes. Con ello, se evita vender con apuro y a un precio menor que el óptimo que, con planificación, es dable obtener.

La corporativización de la empresa

La otra opción es la corporativización de la empresa, entendida como el hecho de que los hijos sean accionistas y que la gestión y dirección recaiga en profesionales. En este modelo, la familia deja de operar el día a día y pasa a cumplir un rol de propiedad y supervisión, mediante el funcionamiento de un directorio o consejo de familia.

La corporativización supone crear estructuras formales: protocolo familiar, estatutos claros, políticas de ingreso y salida de accionistas, y criterios objetivos para la contratación de directivos. Los hijos pueden participar como accionistas, recibir dividendos y formar parte del consejo, sin necesidad de trabajar, si no es su deseo, en la operación cotidiana.

Elegir con claridad

Entre ambas, no existe una claramente mejor. Vender es recomendable cuando no hay sucesores interesados ni capacidad de profesionalizar la gestión. Corporativizar tiene sentido cuando la voluntad de mantener el patrimonio familiar  es firme, per se acepta ceder el control operativo a profesionales.

El error grave es no decidir. Mantener la empresa en “piloto automático”, sin liderazgo ni estructura, solo acelera el desgaste, produce pérdida de valor y genera innecesarios conflictos familiares.

Estudio Codas

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