Sin categoríaEl rol de la esposa del fundador en la empresa familiar

Cuando se alude a las empresas familiares, el relato casi siempre empieza y termina en una misma figura: el fundador, ese hombre providencial que tuvo la idea, que se endeudó, que tocó puertas y que levantó el negocio desde cero. Su nombre está, con justicia, en la memoria colectiva de la compañía.

Sin embargo, esa historia está incompleta. Y ello es así porque detrás de muchos fundadores hay otra figura central, una que rara vez figura en el organigrama pero sin cuyo concurso la empresa difícilmente habría crecido: la esposa del fundador.

En generaciones anteriores -y aún hoy en muchas familias- existía un acuerdo tácito de la joven pareja: él se dedicaría a tiempo completo a la actividad profesional o empresarial, y ella asumiría la gestión del hogar y la crianza de los hijos.

Esa decisión, lejos de ser, para ella, un “quedarse en casa”, es una inversión estratégica en la familia y en la empresa. Al sostener el hogar, ella le otorga al fundador la seguridad y la tranquilidad mental necesarias para arriesgar, para trabajar doce o más horas, para viajar, para aguantar períodos de “vacas flacas” sin que la familia se desmorone.

La empresa crece porque en la casa hay orden, contención y alguien que cría a los hijos inculcándole valores que, cuando sea su momento, ellos llevarán a la compañía. El fundador construye el patrimonio. La esposa sostiene el capital humano y emocional que hace posible ese patrimonio.

El desafío se vuelve más complejo cuando el negocio crece y se incorpora la segunda generación. Ahí la empresa familiar se transforma en “familia empresaria”. Ya no alcanza con que el fundador decida todo. Aparecen los hijos, los cónyuges, los nietos, y con ellos, los celos, los malos entendidos y las luchas de poder.

Para ordenar esa etapa es necesario activar dos órganos de gobierno claves: la Asamblea Familiar y el Consejo de Familia. La Asamblea alinea el propósito y los valores. El Consejo de Familia gestiona lo que no es negocio: conflictos entre primos, ingreso de cónyuges, uso del apellido, eventos familiares y legado.

Y es entonces cuando aparece con fuerza el rol de la esposa del fundador. Su naturaleza de madre, su bien ganada fama de eficiente articuladora desde el amor, y su posición de neutralidad la convierten en la candidata ideal para presidir el Consejo de Familia.

Ella no compite por un cargo gerencial ni por acciones, lo que le da autoridad moral para ser árbitro cuando ocurren enfrentamientos. Una madre piensa en nietos, no solo en el próximo trimestre y esta visión de largo plazo es fundamental. Detecta antes que nadie los quiebres relacionales: un hijo que se aleja, una nuera que se siente excluida, un yerno que no encuentra su lugar.

El mayor riesgo es que ese rol quede solo en lo informal, pues si no se reconoce explícitamente, se invisibiliza. La esposa no tiene voz ni voto porque “nunca trabajó en la empresa”. Y ante un divorcio, un fallecimiento o una sucesión, todo ese aporte de años queda sin protección legal ni patrimonial.

Calladamente, desde su rol de esposa, madre y abuela, la esposa del fundador asume retos que no se pueden medir en utilidades pero que, sin embargo, aportan un caudal emocional y afectivo de relevancia más que significativa.

Marcelo Codas Frontanilla

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