Sin categoríaLas figuritas del Mundial y la empresa familiar

Panini nació en 1961 en Módena, Italia, cuando los hermanos Giuseppe, Benito, Franco y Umberto decidieron transformar un modesto negocio de distribución de revistas en algo mucho más grande. Hoy, más de seis dé décadas después, la empresa sigue siendo familiar y es el referente mundial en álbumes de figuritas, un liderazgo que comenzó con el primer álbum oficial del Mundial de México.

 

No es un dato menor: una empresa de hermanos que sobrevivió generaciones, peleas de socios, crisis globales y cambios tecnológicos. Algo habrán hecho bien.

Pero más allá de la historia de Panini, hay algo que me llama la atención cada vez que llega un Mundial: las figuritas y las empresas familiares se parecen mucho más de lo que cualquiera estaría dispuesto a admitir.

 

Lo que las figuritas hacen bien y las empresas familiares deberían imitar

Cuando en casa se instala el álbum del Mundial, algo extraordinario ocurre: todos se ponen de acuerdo. Los chicos, los adolescentes, los padres, los abuelos. Nadie llega tarde a esa reunión. Nadie mira el celular. Nadie se excusa con que «tiene mucho trabajo». La visión es clara y compartida: completar el álbum. Y eso, que parece una obviedad, es precisamente lo que más cuesta construir en una empresa familiar.

En las reuniones de directorio de una empresa familiar, en cambio, suele haber sillas vacías, agendas que se postergan y miembros que «no pudieron llegar». La diferencia no es de compromiso —es de claridad. Cuando el objetivo está a la vista de todos, el compromiso aparece solo.

Lo mismo pasa con la colaboración intergeneracional. En torno al álbum trabajan juntos el nieto que sabe que jugadores faltan y el abuelo que tiene contactos en el barrio para conseguir los cambios. Cada uno aporta desde su lugar, sin que nadie tenga que pedírselo. Eso es lo que debería ocurrir en cualquier empresa que se llame familiar.

Lo que las figuritas enseñan y las empresas familiares se niegan a aprender

Aquí viene la parte incómoda.

El álbum es transparente por naturaleza: uno lo abre y ve exactamente que tiene y que le falta. Hoy incluso existe una app que facilita el registro. En la empresa familiar, en cambio, la información suele circular a cuentagotas. Los sueldos son secreto de Estado. Las deudas se conocen cuando ya es tarde. El balance lo entiende solo el contador. Esa opacidad no protege a nadie; al contrario, genera desconfianza y alimenta los conflictos que terminan destruyendo sociedades que podrían haber durado décadas.

El valor de cada figurita también es transparente: las comunes valen lo que valen, y las difíciles —el Messi, el Mbappé— tienen un valor mayor que todos reconocen. Nadie discute eso. En la empresa familiar, sin embargo, es frecuente que todos los miembros cobren igual, independientemente de su dedicación, su rol o los resultados que generan. Esa «igualdad» que parece justa termina siendo profundamente injusta: premia la mediocridad y castiga al que más se esfuerza.

Y luego está el plan. En las figuritas, el álbum mismo es el plan estratégico: muestra el estado actual, señala lo que falta y orienta las acciones de todos. En la empresa familiar, el plan estratégico vive en la cabeza del fundador. Y cuando el fundador no está —por viaje, por enfermedad, por retiro— nadie sabe bien para dónde va el barco.

 

¿Por dónde empezar?

La buena noticia es que el modelo ya existe y cualquiera lo puede ver en acción cada cuatro años. La clave está en tres cosas concretas:

Primero, tener el álbum: es decir, un plan estratégico visible, escrito y conocido por todos los miembros de la familia y del equipo. No alcanza con que el fundador lo tenga claro; tiene que estar en papel, con metas, con fechas, con responsables.

Segundo, establecer un intercambio justo: reconocer que no todos los roles son iguales ni todos los aportes equivalentes. La remuneración y el reconocimiento deben reflejar la realidad, no una noción de igualdad que termina siendo fuente de resentimiento.

Tercero, construir una visión compartida: en las figuritas esa visión es completar el álbum. En la empresa familiar debería ser algo igualmente concreto y emocionalmente significativo para todos: generar bienestar en la familia y solidez en el negocio.

Como se puede ver existen muchas similitudes entre las figuritas del Mundial y las empresas familiares. Las figuritas del Mundial tienen resuelto lo que se debe hacer desde hace mas de sesenta años. Quizás sea hora de aprender del álbum. Aprovecemos que el inicio del Mundial está cerca y pongámonos manos a la obra.

Marcelo Codas Frontanilla

Director del IPEF

 

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