Les quiero contar algo que vi hoy. Fui a visitarle a un amigo en su oficina. Empresario, amigo de muchos años, que tiene y hoy 59 años. Empresa familiar que fundó su padre, que él hizo crecer.
Entré a su oficina y me llamó la atención algo. Estaba su escritorio, el de siempre. Grande, con sus cosas. Y al lado, pegadito, había otro escritorio. Chiquitito. Con una sillita chiquitita. Y encima tenía un cuaderno y unos lápices de colores.
Le pregunté qué era. Se rió y me dijo: «Ese es el escritorio de mi nieta». Me quedé mirando. La imagen me pareció fantástica, les digo sinceramente fantástica.
Este amigo mío y su nieta que no tiene todavía 4 años, hacen oficina juntos. Ella viene, se sienta en su escritorio chiquito y se pone a trabajar. Dibuja. Pinta. Hace sus cosas. A veces se levanta y se va junto a su abuelo a mirar lo que él hace.
Hoy es todo juego. Lógico. Tiene 4 años. Pero ahí, sin que ellos se den cuenta, está pasando algo mucho más grande.
Esa niña, sin querer, está empezando a ver cómo trabaja su abuelo. Le está empezando a tomar cariño a lo que hace su abuelo. Y tomarle cariño a lo que hace su abuelo, es tomarle cariño a la empresa de la familia.
Esto es lo que yo siempre digo en mis charlas cuando me preguntan ¿cuándo empieza la sucesión?
La gente cree que la sucesión empieza cuando el hijo se recibe, cuando le nombramos gerente, cuando le damos acciones.
No. La sucesión empieza mucho antes. Empieza con un escritorio chiquito.
Con esas experiencias que son imborrables. Que son las que generan el sentido de pertenencia. Ese empoderamiento que tanto necesitamos de los hijos y de los nietos con la empresa de la familia.
Porque una empresa familiar no se cae por falta de capacidad. Hoy conseguís profesionales muy buenos en cualquier lado.
Una empresa familiar se cae por falta de herederos que la quieran. Y para quererla, tenés que conocerla de chico. Tenés que vivirla. Tenés que sentir que es parte tuya.
Un máster en el exterior te enseña a gestionar una empresa. Cualquiera. Pero el cariño por tu empresa, por la empresa de tu abuelo, eso no te lo enseña ningún máster. Eso se aprende con un escritorio chiquito al lado del grande.
Estoy seguro de que, dentro de 20 años, esa niña que hoy pinta con lápices de colores va a ser una mujer, va a ser profesional, y va a estar sentada en un escritorio grande, muy cerca del abuelo. Ocupando su lugar.
Y van a seguir haciendo oficina juntos. Para felicidad de la familia y para bien de la empresa.
Todo empezó con un escritorio chiquito.
Si tenés empresa familiar, proba. Pone un escritorio chiquito en tu oficina. No sabes el bien que podés estar haciendo.